PRIMERA PARTE DE MI CUENTO:Lastima a mi corazón este silencio aterrador, aun así lo llena de dicha, hablándome del amor ausente en esta mañana de oscuridad avasallante, escuchando almas en este “tiempo detenido en el tiempo”, poéticamente detenido aquí.
Y con mis manos temblorosas me toco ese lugar ya sin sentido de existir. Teniendo la certeza de que ya no es útil, este espacio enorme en el tórax, sin utilidad alguna más que proteger este palpitar constante de lo llamado corazón. Contra mi voluntad sigue dándome existencia, mas ya no vida, solo existencia, palpitando así solo silencios.
Otra vez el té se ha enfriado en la mesa del comedor donde aun mantengo intacto, sin una sola mancha el mantel de flores rosas que puso por última vez, y es que con sus manos, cuarteadas por el trato cruel del tiempo, lo ha de haber refregado con un profundo esmero hasta lograr su blancura perfecta.
Lo miro descubriendo una arruga que con mis manos temblorosas trato de alisar, sin poder lograrlo, un suspiro me nace y muere sin aviso previo. Levanto el té de la mesa y sin apuro a llegar a la cocina lo dejo caer en la bacha de la mesada de mármol gris.
El goteo constante de la canilla me hace reaccionar, me había quedado unos segundos, luego de dejar la taza, con mis brazos apoyados en la mesada tratando de descansar los hombros; y tirando todo mi desaliento sobre ella. Sintiendo el peso de la vida oprimirme el cuello.
Levanto la vista, observo el goteo constante que parece casi puntear los segundos del reloj recordando así que el tiempo sigue su rumbo. Me voy nuevamente a la mesa y levanto el individual que empleo últimamente para no manchar el mantel, sacudo las migas de pan, sin haber probado bocado alguno, en el tacho que está en la cocina y me dispongo a seguir con la rutina de ordenar la casa; los quehaceres del hogar se han convertido en el cable a tierra que me exijo realizar cada día en honor a su prolijidad envidiable. Quizás para honrarla o en cierta forma mantenerla, aun, un poco más cerca mío.
Sentado en la mesa, escucho susurrar a esas almas, esas voces de personas que me hablan de seguir adelante, de dar vuelta el telón de este acto. Y digo almas por que las oigo tan lejanas y me cuesta escuchar lo que murmuran, todavía retumban en mi cabeza sus palabras, aun siento la pesadez de sus miradas; sin embargo este deseo, este aferro a la vida, a esa vida, no me deja salir de esta oscuridad que aun siendo tan espesa y perturbadora, siento que me abraza llenándome de luz en esos lapsos, en ese espacio que se genera entre mi alma que esta con ella, mi mente que no comprende el escenario en el que se encuentra y mi corazón ya casi sin latidos.
Salvo, a decir verdad esos momentos, esos perversos momentos, en los que me perturba ese mar de recuerdos, de forma inconsciente, o quizás provocados por mi mente, lacerándome en lo profundo del alma generando múltiples palpitaciones a este corazón sin razón de ser. Lo siento latir con la intensidad de una ola al romper contra las rocas a la orilla del mar, muriendo con cada vaivén que las lleva a un destino predecible e irremediable, casi un suicidio inevitable. Trato de crear una tormenta en el océano de recuerdos para que las dolencias no se marchen y así no permitan que ella se marche también. Quizás el dolor no permita que entre el olvido.
No dejo de pensar, tal vez me este volviendo loco o la vida al fin se ha apiadado de mi persona y comienza a demostrarme lo que es estar cuerdo. La verdad no lo sé, pero no dejo de pensar si acaso todo esto es una especie de maldición. Peor aún es que algo en mi interior me persuade de que es cierto, algo a lo que no puedo todavía encontrarle una explicación ,aun siendo así, la duda no me deja tranquilo, y pienso en la posibilidad de estar volviéndome loco.
Con el pensamiento entre ceja y ceja sacudo los portarretratos con nuestras caras sonrientes, abrazados a los nietos en navidad, su época preferida del año…de repente me interrumpe un sonido, tardo un instante, a decir verdad, en reaccionar y caer en cuenta que es el timbre del teléfono.
- ¿Hola? ¿Quién habla? dije. quizás con un tono un poco intimidante por la ofuscación que me provoco la interrupción de este particular pensamiento, muy importante por cierto en ese momento.
- Hola, pa… soy Camila, disculpa que te moleste; ¿estabas durmiendo?
- No, no…solo estaba al otro lado del comedor, y tuve que apurarme a contestar…nada, cosas de viejos. decime Camy ¿como estas? Logre cambiar el tono de voz al oír la suave voz de mi hija menor Camila.
- Bien. Respondió dejando una pausa para preguntar eso que temía saber, quizás porque en mi voz sabría la veracidad de la respuesta - y… ¿vos como estas pa? Finalmente pregunto
- Bien, hijita, bien, limpiando un poco.
- ¡Pero papá! sabes que con Facundo arreglamos todo para mandarte una chica que te ordene la casa, así no tienes que preocuparte por nada.
- No, por favor no quiero que tu hermano y vos se molesten, a mi me entretiene hacer los quehaceres domésticos, además sabes que a tu madre, no le gusta que nadie le toque, ni le cambie de lugar sus cosas.
Y fue ahí, al termine la frase, desafortunada por cierto, que me percate de lo que decía y a quien se lo decía.
- No le Hubiese gustado…acote en voz baja.
- Si, lo sé, lo sé. respondió, casi interrumpiéndome con la voz quebrada y aguantando el llanto.
A lo cual rápidamente acote.
- ¿Y los nenes como están? A ver si vienen a ver al abuelo que tanto los extraña. ¿No?
- Si, es verdad, lo que pasa es que están un poco atareados con el colegio, pero este domingo veni a comer las pastas que te voy a amasar, ¿dale?
- Bueno, voy temprano y llevo las facturas de dulce de leche que tanto te gustan, las de la panadería de doña blanca.
- Si, ¡me encantan! Entonces te esperamos papa’. Por favor cuídate mucho…te quiero...
- …yo también te quiero Camy, un beso a mis nietos lindos.
Colgué el teléfono con un nudo en la garganta y es que, aun sin saberlo andaba anhelando más de lo que creía, ese te quiero.
Anoche me desperté sobresaltado, una pesadilla me quito súbitamente el sueño. Me senté en la cama y aguarde unos segundos pensando si volvía a recostarme o me dignaba a levantarme en busca de un vaso con agua. La sed y la certeza de que no iba a volver a conciliar el sueño, fue lo que me impulso a tomar la decisión de levantarme. Después de tomar un vaso fresco de agua tónica, sentado en la oscuridad del comedor, en donde una tenue claridad entraba por la ventana generando suaves hilos de luz. Me quede sumergido en ese insólito, pero, al mismo tiempo tan real sueño que me desvelo; sin pensarlo, dejo de ser una pesadilla para convertirse en la respuesta que estuve buscando en este último mes.
